sábado, 11 de marzo de 2017

HABLANDO DE GÉNERO

Estaba dando una serie de cursos de seguridad en un municipio del Edo. de México, Una fábrica gigantesca de herramientas mexicanas. Se me hizo de lo más normal invitar al Drack (Eva Luna) para que me viera "en acción".

Después del primer curso (tuve 2 ó 3 ese día), me acerqué al Drack para preguntarle qué tal. ¿Cómo me veía?, ¿si le había gustado?, ¿si se había entendido?....ya saben, el ego.

Me dijo que si le había gustado, que me veía muy bien, que el color de mi camisa, que si caminaba mientras hablaba, que las preguntas y respuestas, que todo estaba bien. Pero...

Pero ¿por qué tenía que usar chistes machistas en la presentación?, ¿por qué tenía que hablar mal o bien de las mujeres durante el curso?, ¿qué tenía que ver si las mujeres podían o no, si las mujeres esto u lo otros?.




Contesté que yo no hablaba mal de ellas, que yo era bueno y admirador de las mujeres, que yo las idolatraba...

Y entonces, como muchas otras veces, me sentaron a aprender. Me abrieron los ojos...o mejor dicho me pusieron unos lentes sobre mis anteojos.  Los lentes de género, como les dice el Drack.

Resulta que efectivamente durante el curso de 4 horas había denostado 5-6 o más veces a las mujeres.  Eran chistes rápidos, sin importancia (creía yo), comentarios sueltos que “nadie” notaba y que a todo el grupo nos hacían reír…yo los usaba para romper la tensión y dar confianza.  Uno de los recursos más socorridos para mí, siempre fue la guerra hombre-mujer.  Esa guerra, esa batalla que se luchaba en la tele, en el radio y que “todos” usábamos constantemente.  Y que siempre resulta en risas entre ellos y ellas.

Pues ese día aprendí (no quiere decir que ya no lo haga….la mayoría de las cosas que hago me salen del inconsciente “colectivo” que llevo adentro) que NO DEBO, NO TENGO DERECHO, NO ES IGUALDAD (que predico tanto), NO ES CORRECTO, ES UNA OFENSA, ES DENIGRANTE y ES OFENSIVO hacer chistes de género.



Ese día me pidieron que me fijara en lo que decía, palabra por palabra, me fijara en a quien se lo decía y en la forma que yo lo decía.  Aprovechamos la segunda sesión del curso del día para aprender más y nos encontramos: que yo si era muy ofensivo, que los “chistes” si le hacían gracia a todos (hasta a las mismas mujeres!!!), que mi discurso veladamente era intimidatorio y que nadie lo notaba, todos estaban muy contentos... porque estamos muy acostumbrados a eso.  

Y ese mismo día pedí disculpas de mis chistes a mi compañera y a todos los presentes… la mayoría de los hombres no entendía que pasaba: Habían asistido a un curso de Seguridad y yo les salía de repente con que me disculparan por mi ofensivo lenguaje y mísero mensaje de género…muchos, estoy seguro ni siquiera entendían que era “género”.  Pero en fin…me habían pagado por enseñarle a esa gente sobre seguridad y me propuse que de seguridad aprenderían pues yo ya había aprendido con ellos.

La verdad es que eso fue hace tiempo, casi 1-2 años y sigo ofendiendo y agrediendo sin darme cuenta.  Mi familia me lo hace notar cada vez que lo hago y en serio, cada vez lo hago mucho menos.  Y al mismo tiempo me doy cuenta cuando los demás lo hacen.  Y  ya me ofenden a mí también…no sólo a las mujeres.

Los chistes de género son ofensivos a toda la humanidad.  Las pláticas diarias y coloquiales están llenas de cantidades de referencias intimidatorias, ofensivas, vejatorias, groseras muy sutiles, no nos 
damos cuenta de ello.  


. Debemos aprender que caballero no es el que abre la puerta del auto, el que las deja pasar primero, el que les da la mano para que bajen… Caballero es el que no habla de ellas, el que no se burla o las exhibe. Que estos comportamientos y platicas “coloquiales” afirman los asesinatos, las golpizas, la perdida de derechos, la perdida de estima en ellas.  Los feminicidios están a la orden del día, en México son muchísimas las mujeres que mueren por cuestión de género (por ser mujeres)… y ya no nos sorprende... deberíamos aprender a platicar de forma más responsable para evitar que estas cosas se arrigen más en nuestras vidas y en nuestro día a día.



Es difícil, he sorprendido a muchas mujeres hablando y refiriéndose a ellas mismas de vil manera.  Pero no lo notan.  Es parte de nuestra cultura, dicen.

Pues creo que necesitamos otra cultura. Yo ya no quiero vivir ofendiendo y agrediendo.  Hay series de televisión que me encantan pero he dejado de verlas porque son ofensivas (muy sutilmente).

En fin, la tele me ha perdido, pero me ha ganado el querer aprender a respetar.  Insisto, estoy aprendiendo apenas.



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